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¡El no arriesgarse con nuevas ideas significa arriesgarse a ser ignorado!
El público, el consumidor, se pone frente a un televisor o un periódico para
entretenerse, no para informarse. Así que toda publicidad que sea exclusivamente
informativa pasará desapercibida. Por eso debemos explorar caminos más
arriesgados, más nuevos, para garantizarnos su atención.
El proceso debe comenzar con un trabajo de equipo con el cliente. Hay que
entender, más que conocer, el mercado y sobre todo, al consumidor. Tenemos que
entender cómo piensa y se siente el consumidor ya que es la pieza clave para
alcanzar la transformación deseada con una campaña publicitaria. Sólo esto es
importante. El consumidor no analiza, siente.
La creatividad debe establecer una conexión inmediata con el consumidor. . . que
se enamore de nuestro producto o servicio. Si la idea llega al corazón del consumidor,
sus mentes nos seguirán. El ser humano piensa con sentimiento y emoción. Este es
el momento de arriesgar. Debemos decir el mensaje de una forma nueva y
sorprendente. La creatividad es una herramienta clave para establecer la ventaja
competitiva de un producto o servicio. Se trata de tener nuestras mentes receptivas,
ser flexibles y adaptarnos a los cambios del mercado. Tener visión y sacar ventaja
de las oportunidades existentes. Tomar riesgos y estar en la búsqueda de mejores,
ágiles y radicales formas de establecer una relación con el grupo objetivo.
Creatividad es crear misterio, emoción, atracción y sobre todo, una relación con
el grupo a quien se quiere alcanzar. La buena creatividad construye marcas, ya que
crea lazos emocionales con el consumidor, que duran a través del tiempo. Se
establece una relación de confianza donde el consumidor llega a querer y sentir
una marca. El consumidor de hoy es astuto, exigente y selectivo. Además, tiene
muchas opciones disponibles. Por consiguiente, la creatividad lo debe impactar,
crear una conexión inmediata y hacer que el mismo se enamore del producto o
servicio anunciado en cuestión de segundos. Mucha información puede ir en contra
de estos objetivos.
La gente hoy en día tiene su tiempo limitado. La demanda por la atención del consumidor va en constante aumento. Este no puede absorber o reaccionar a
todos los mensajes a los que está expuesto diariamente, ya sea en su casa o en
el trabajo. Por eso, en la publicidad, menos es más. El entendimiento triunfa sobre
la información.
El misterio y emoción que se crea alrededor de un producto es mucho más importante
que la información detallada que se pueda dar del mismo.
Si se crean lazos
emocionales, luego el consumidor buscará la información que le sea pertinente.
Más que los valores, lo que activa el interés del consumidor es el espíritu o actitud
de una marca. Es hablarle al corazón, no al cerebro del consumidor.
¡La publicidad debe sorprender, impactar, ser memorable, relevante, divertida y
sobre todo, simple! Solo así será efectiva. Hay que hacer sentir antes que pensar.
Una gran idea ayuda a transformar positivamente la imagen de un producto,
compañía o servicio. Así se puede ir más allá de vender un producto o servicio.
Es desarrollar marcas en las que los consumidores confíen y por consiguiente,
utilicen año tras año.
La creatividad de una campaña publicitaria es la herramienta más poderosa de
mercadeo. Es una inversión que rinde frutos y solidifica marcas, ya que las hace
parte de la vida diaria del consumidor.

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